Talabartería "La Chilenita" 47 Años rescatando una tradición en Collipulli.

Son ya 47 años que Horacio Rivas Morales se ha dedicado a trabajar el cuero en su local llamado ‘Talabartería La Chilenita”, ubicado a dos cuadras del mercado municipal de Collipulli.


Rivas cuenta que su papá sabia el oficio de talabartero y tenia un local en la ciudad de Mulchén, donde él junto a sus hermanos fueron aprendiendo esta técnica y trabajando junto a su padre.

“Fue en el mes de noviembre del año 1981, cuando me casé, que decidí junto a mi esposa, trasladarme a Collipulli e iniciar este negocio, que en primera instancia se ubicó en calle O’carrol, casi al llegar a la plaza de armas. Después nos trasladamos frente al mercado, para quedar definitivamente en calle Cruz número 422, donde nos encontramos trabajando desde hace unos 27 años aproximadamente”, dijo Rivas.

LOS PRODUCTOS
Monturas, riendas, cinchas; cinturones para motosierristas, carpinteros, incluso mineros’ del norte le mandan a confeccionar cinturones para poner sus herramientas. Aún trabaja en polainas para huasos, en puro cuero, a pesar que en la actualidad la mayoría de estos elementos son de cartón o material sintético, lo que abarata considerablemente los costos, pero también la calidad es mucho menor, indicó Rivas.

El cuero que utiliza para sus trabajos lo trae de Curtiembre Chillán, ubicada en la ciudad del mismo nombre, pero anteriormente los adquiría en Angol cuando existía la curtiembre de don Emilio Benavente.

MATERIAL SINTÉTICO
Una de las principales “batallas”, que ha debido enfrentar don Horacio, es la competencia de los materiales sintéticos, los que sin duda, están haciendo desaparecer este oficio. Lo que sumado a lo escaso y costoso de los materiales (cuero), hace que el producto final sea considerablemente más caro que los sintéticos y la gente opte por estos últimos. “Especialmente las monturas, ya que yo sacaba dos monturas por semana y las dos las vendía; ahora uno saca una montura y se demora un año más o menos en venderla, lo que me ha llevado a hacerlas solo a pedido. Tengo algunas monturas que mandaron a reparar y no las han retirado desde hace unos 15 ó 20 años atrás y van quedando en el olvido", dice, indicando un montón antiguas monturas.
Otro factor que ha ido disminuyendo la clientela, dice el talabartero, “es que antes la gente se movilizaba bastante en carreta o carretones, lo que ha sido reemplazado por vehículos motorizados; y a ello hay que sumarle la modernización de las faenas forestales, donde ya no se ve una gran cantidad de obreros, que en algún tiempo fueron grandes consumidores de fundas, cinturones, etc.

EL ÚLTIMO DE LA FAMILIA
“Yo soy el último de la familia que sigue trabajando en esto, ya que después de mi padre, mis hermanos han ido de a poco abandonando este hermoso oficio, que en la familia estaría terminando conmigo”, dice Rivas. quien junto a su esposa trabaja codo a cod o, día a día en este hermoso arte.

Fotos Michel Gomez

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