[COLUMNA DE OPINIÓN] ¿Pienso lo que quiero o lo que los diarios me dicen?


Por Juan Hernández Arévalo, estudiante Ciencias Políticas UCT

Los medios de comunicación masivos (televisión, radio y diario escrito) por su gran alcance dentro del territorio nacional son la principal fuente de información de gran parte de la ciudadanía, ya que tristemente para gran parte de la población, la información -si no aparece en TV o en la prensa escrita- no es legítima ni mucho menos verdadera.

El problema de ello es que se genera imparcialidad informativa por ser estos medios la fuente masiva de emisión, sin otra alternativa para comparar. Y en el ámbito político forman una opinión pública de políticos, con el sesgo del medio y sus intereses. Por ejemplo, el diario el Mercurio cuenta bajo su alero a gran parte de los medios escritos a nivel nacional, y como ya se ha visto, históricamente ha estado ligado a grupos empresariales de derecha, por ende sus publicaciones emanadas no van en contra de su círculo.

A lo anterior, también se agrega que los medios de comunicación en Chile, si bien parecen ser distintos unos de otros, detrás de cada marca o logo están los mismos dueños -y para utilizar nuevamente de ejemplo al Mercurio- sabemos que diversas revistas como Caras, El Austral, Sábado, entre otras, pertenecen al holding de Agustín Edwards.

Los medios de comunicación masivos juegan un rol muy importante en la formación de opinión pública y también como agentes educativos. A veces tanto o más que los mecanismos de educación formal. Además poseen la influencia de creación de realidad sobre las personas, influencia que queda al albedrío de los intereses del medio.

Por ende, es preocupante lo que se ve en la práctica cuando los medios pujados por la globalización o por el creciente monopolio desarrollado por los grandes conglomerados económicos, que además cada vez están abarcando mayor parte del mercado comunicacional, haciendo poco objetivo su contenido, ya que obviamente no publicarán o no darán espacio a lo que pueda afectar sus intereses.

Con esto no tan sólo se genera un sesgo informativo por omisión, censura o control del contenido, sino también se influye en el posicionamiento de ciertas personas con intereses políticos ante la ciudadanía, pues quien tenga la aprobación de los medios, también tendrá la tribuna para darse a conocer en cada rincón en donde tenga cobertura.

Independiente de las facultades o habilidades que este personaje político pueda tener, ya por el hecho de contar con el espacio masivo en donde aparecer, correrá con ventaja por sobre los demás competidores, y sumado a ello, obtendrá la legitimidad de los medios que le dan el espacio con ello a la legitimidad de la gente.

Si un medio tiene mucho espacio para declaraciones públicas de ciertos partidos políticos, diputados,  senadores o  municipio, es obvio que su línea editorial estará sujeta en mantener dicho aporte, aunque de ello depende la calidad del contenido de su medio.

Cada vez más los medios de comunicación se alejan de ser un actor social y se han convertido -quizá sin ellos mismos darse cuenta- en una empresa comunicacional.

La invitación es a leer, cuestionar, investigar, analizar y ver más allá de lo que se nos muestra y de ahí construir una opinión de nuestro entorno. El dinero es la mordaza de muchos y es nuestra responsabilidad que esto vaya terminando.



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